miércoles, 20 de febrero de 2013

Arrogante percepción

Percibo el deceso de lo afable
la claridad de las mentes enfocadas
pero en todo cuanto sea vano,
todo lo efímero e irrelevante,
para jactancia de la historia.
Entonces fieles a lo unívoco
y orgullosos siendo artistas
hacemos época del huero
proyectando finales apoteóticos
que exterminan la hipocresía,
el laberinto hacia la verdad,
e inclinan nuestras impresiones
hacia alguna nueva utopía.


sábado, 9 de febrero de 2013

Locura es solo una palabra

Locura es no encontrarte
Locura es no buscarte
es pagarle con salud a la existencia
vivir en eterna adolescencia
Locura es usurpar la vida de otro
Locura es volver al nido roto
es la palabra preferida de la ironía
y se mofan de esto con la agonía
Locura es ser simétrico en versos
Locura es no haberte dado el beso
es vivir en constante contradicción
surfear los años con aversión

lunes, 21 de enero de 2013

Comunicación

Descubrir cortinas a la coherencia
con ingenua ilusión,
O dar sermón
y estafar al valor de las palabras,
O crear versos enfermos
en fiebre de contradicción.
Hemos llegado al abismo
sin detenernos al borde
el lenguaje ya solo vale
a la inversa de la interpretación

jueves, 3 de enero de 2013

La Verdad en el centro

Quién habrá maltrecho el juicio
el habla mismo de la Razón,
llenado de certezas relativas
el bolso ya atiborrado de la Duda.
Quién habrá estrechado la mano de la Indiferencia
marcando a fuego el código de la Hipocresía,
el desdén de los ojos enfrentados
dejando la verdad en el centro
suplicando por una mirada...

domingo, 16 de diciembre de 2012

El monstruo que creamos

Se forjó con nuestra indiferencia,
nuestras ilustres fantasías
y sus posteriores caídas,
con el coqueteo del amor
la posibilidad del encanto,
enmascarada utopía.
En su desenlace,
el monstruo que hemos creado
tuvo sus últimos retoques
a manos de los vicios,
yugos de la rutina,
la hipocresía
y la religión de la razón...

martes, 11 de diciembre de 2012

Lo Prohibido

Color, aroma de pasión
gozan las pieles magnas
al roce efímero de los dos,
al doblez hecho en lo prohibido
en suspicaz celebración.
Y el hervor de nuestras venas
hace niebla a los prejuicios
cubre el escape del corazón.

#25

Al término de un suspiro, y el desahogo hecho, se reabren las puertas a la poesía; al portal por donde la mezcla ficción-sentimientos, se abre camino para dejar las Letras en Tierra.

lunes, 26 de noviembre de 2012

#24

Partida el alma, vuela en dirección opuesta a los sentidos. Se aleja al canto desgarrado del corazón. Ya no cuenta con la unión al cuerpo, al compromiso vital. Nuestras esencias se distancian a pasos agigantados, dejando sin aliento al universo en expansión. Quiso ser ley de vida la separación y separar contacto, amor.
El consuelo está en encontrar regocijo en el pasado, en pasar el tiempo atando cabos hasta llegar al presente. O dar riendas a la imaginación en algún punto; inventar destinos, cambiar los rumbos que elegimos. Y así en romance o lúgubre desamor, cambiar toda esta “nada” por algo que deje atiborrados de colores a los espacios en blanco acomodados por la rutina. En esos momentos poéticos donde todo parece latir, vibrar a la frecuencia correcta, encontrarte veraz, candente y hasta pura, sorprendiendo a la belleza misma con tu existencia, poniendo en duda su definición.
Pero siempre en juego entran las naturalezas, y sobre todo yo no soy un buscador. Me mortifica la vergüenza, el admitirte como punto débil, tenaz devoción. El orgullo hace estragos en ambos bandos, el prejuicio completa el círculo de nuestra taimada pasión.
Entonces tiempo y vida, en constante contradicción; buscan en mi mente formar un concepto sostenible, de moderada aceptación, en pos de permitirme dar un paso adelante y volver a caminar. Este mar de desahogos llega a su fin. y la última ola deja el último secreto en orillas de la Poesía.

Amor, palabra inagotable
deseo del deseo,
argumento único de la pasión.
Somos medio y no fin,
somos o fuimos,
conductores vivos en consumo,
brasas del querer,
desagotando el calor acumulado
creando seres a semejanza
dando paso a la continuidad,
lugar al tiempo y a las cenizas,
al olvido mismo.
Y así reducir nuestra existencia
a un instante, un fugaz abrazo,
al eco de nuestra unión...

miércoles, 3 de octubre de 2012

#23

Inercia, festín de imitaciones produciendo amaneceres forzados.
Respiró hondo sin saber que sería su última bocanada. Cayó pensando en qué haría al día siguiente, sintiendo que siempre podría levantarse de sus constantes caídas. Golpe seco en el corazón, vencida mirada al instante, seguida de un calor acogedor en el pecho. La sensación de frío que el piso le daba fue disminuyendo rápidamente, como también el sonido de sus familiares llamándolo por su nombre.
Entonces soledad, la amarga oscuridad que tantas veces sintió aún en compañía, sumado a la desesperación ajena de sus seres queridos. Soledad y desesperación, último contacto.
Antes del fin, la imagen de quien amaba apareció en su cabeza. La fé parecía haber ganado la última batalla, aunque la guerra seguramente fuera para la lógica y el cuerpo desmoronado. Lentamente los cabellos de su amada comenzaron a moverse, y el brillo de sus ojos parecía un reflejo en movimiento. El instante saneado lo hacía sentir presente, aunque ella no lo mirara. Allí en ese letargo, podía sentir que la acompañaba en esa eternidad, sentirse cómplice de su sonrisa y adorarla como si él fuera el detonante. Quería acariciar su cara con todas sus fuerzas, abrazarla en llanto desproporcionado. Pero estaba atrapado en esa realidad tiesa, forjada en frágil por su pasado, hecha mil pedazos por su presente.
Dijeron que el corazón estalló. Pero él siempre pensó que ya lo había hecho tiempo atrás. Y que un hombre no muere por eso, muere por dejar de soñar. Que al “ser” y “estar” se sumó vespertino el “parecer”, antes de que el día de la vida termine y anunciando la llegada de la noche. Entonces el no “parecer” era no pertenecer, y así no podría seguir mucho más. Entendía que era una posibilidad no ver sus sueños realizados, pero que si no dejaba de soñar nunca se daría cuenta. Algo de razón tuvo, más allá de esa última pasada. Lo dejaremos descansar en paz.
La sombra de su medio perfil se iba incrementando, haciéndose evidente que la noche llegaba. Ahora ella no sonreía, y él presentía que añoraba el sol. Pronto vio una lágrima descendiendo hasta su pronunciada mejilla. Sintió el dolor más grande que jamás hubiera sentido en vida. La culpa. Se sentía culpable de haberla llevado a esa imitación, aunque no fuera cierto nada de eso, aunque era todo una imagen eterna adornada por los últimos circuitos funcionales de su cerebro. La culpa destroza la verdadera espiritualidad, en cualquier realidad. Y entonces sí, llegó su irónico fin, el definitivo. El que, dejándolo en ridículo, le mostró que su imaginación lo persiguió hasta lo último, llevándolo a la nada misma.
Amaneceres forzados, imitaciones inerciales y dualidades eternas. Ironía. Ridículo. Fin, nada, paz.

jueves, 6 de septiembre de 2012

#22

Ella esperó el amanecer junto al río, para observar otra vez al gigante que alguna vez los iluminó juntos. Las nubes del horizonte se disiparon, abriendo el paso. Sacó el reloj de arena de su bolsillo y lo sostuvo en su mano.
Evocó momentos de tensión, gritos apasionados de traición. Ella juzgando, él excusándose con su naturaleza, con la erosión de la rutina. Su imagen borrosa yéndose, el ruido de la puerta al cerrarse y el caer de sus lágrimas. Tormentas de llanto eternas, que hicieron de los proyectos barro que fluye por las cloacas.
Al recibir el primer rayo de luz, cerró sus ojos y apretó su mano con todas sus fuerzas, hasta hacer estallar el reloj en su interior. Su sangre se deslizaba a cada instante más lenta por sus brazos, mientras la arena se perdía con el viento. Sintió el dolor y pensó en cuándo todo se había terminado. Cuándo lo que parecía verdadero, tangible y edificado, se derrumbó frente la mirada cómplice del mundo.
El sol la contemplaba en el suspenso que ella había creado. Quería acercarse y abrazarla, quitarle las culpas, darle calor y claridad. Pero aunque ella pudiera sentirlo, estaba lejos, separado por sus párpados, por la realidad. Decidió quedarse quieto unas horas allí, donde ella lo retuvo. Romper las reglas para cumplir su deseo.
Finalmente abrió sus ojos para ver otra vez aquel amanecer, sabiendo que ahora iba a desaparecer, que el truco del reloj funciona una sola vez. Sacó un pañuelo para secarse las lágrimas y vendarse su mano, sin advertir el significado que eso tenía. Levantó su mirada una última vez y se despidió dando las gracias. Ya se sentía reconciliada con el tiempo, para dar media vuelta y volver a querer.
Luz, patrimonio del saber
Ciencia o placer,
La verdad es una vedette
Tenues, eclipsados deseos
Extraños al pensamiento,
Traspasan la ley,
Añorando los sueños de querer...